Gran bóveda luminosa
Un poema-sacrificio de Paul Celan
GRAN BÓVEDA LUMINOSA con la que fuera a lo lejos rebusca en el enjambre de estrellas negras en la frente de cuarzo de un Carnero forjo esta imagen, entre sus cuernos, donde en el canto dedicado marca coagulada en los mares del corazón se hincha ¿Contra qué no arieta? El mundo se ha ido, yo tengo que llevarte
En un oscuro lugar de Caminos de bosque, concretamente el texto que lo abre, El origen de la obra de arte, Martin Heidegger dice que el sacrificio esencial es un modo de fundarse la verdad (HGA, 5: p. 50). Esta ha sido quizá la cita de Heidegger que, desde su oscuridad, más me ha estremecido jamás. Me encuentro, de vez en cuando, a altas horas de la madrugada pensando en ella de nuevo.
¿Contra qué no embiste el animal al que sacrifican?
Este poema es un poema de sacrificio. Porque describe una escena sacrificial. Más allá de las connotaciones bíblicas –que las hay– puede seguir pensándose hoy el sacrificio. Sigue habiendo sangre que, según muchos, está bien derramada. Creo que no hay imperativo más alto, y no soy yo una persona de imperativos, que el que aparece al final del poema.



Precioso.